Seis de cada diez castellanos y leoneses padecen alguna enfermedad crónica, cinco puntos más que la media

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Seis de cada diez castellanos y leoneses padecen alguna enfermedad crónica, cinco puntos más que la media

Castilla y León, ante el peso creciente de la cronicidad

Castilla y León figura entre las comunidades con mayor proporción de población adulta que declara convivir con una enfermedad o problema de salud crónico. Según los datos de la Encuesta de Salud de España 2023 difundidos por el INE y recogidos por El Debate, el 63,17% de los castellanos y leoneses de 15 o más años afirma padecer algún problema de larga duración. La cifra supera en más de cinco puntos la media nacional, situada en el 57,71%.

El dato no es una rareza aislada, sino la fotografía de una comunidad muy envejecida, con una elevada dispersión territorial y una demanda sanitaria condicionada por enfermedades que no se curan en una visita puntual, sino que requieren seguimiento, medicación, prevención de complicaciones y coordinación entre atención primaria, especializada y servicios sociales.

En el conjunto de España, el INE señala que el 57,7% de la población de 15 y más años declara alguna enfermedad crónica, con una diferencia clara por sexo: el 62,3% de las mujeres frente al 52,8% de los hombres. En Castilla y León, las dolencias más frecuentes citadas por El Debate son el dolor lumbar crónico, el colesterol alto, la artrosis y la hipertensión arterial, todas ellas en torno a uno de cada cinco habitantes adultos. También aparecen con peso significativo el dolor cervical persistente, las alergias crónicas, las varices, la diabetes y los trastornos de ansiedad o depresión.

La comparación territorial sitúa a Castilla y León en quinta posición, por detrás del País Vasco, Galicia, Asturias y Baleares. En el extremo opuesto aparecen comunidades más jóvenes o con perfiles demográficos distintos, como Madrid, Cataluña o Andalucía. La lectura exige cautela: la encuesta mide problemas declarados por la población, por lo que influyen la edad, el diagnóstico previo, el acceso al sistema sanitario y la percepción subjetiva de la salud. Aun así, el patrón es coherente con la estructura demográfica regional.

La cronicidad importa porque cambia la forma de organizar la sanidad. Un territorio con muchos pacientes mayores y pluripatológicos necesita consultas accesibles, continuidad asistencial, control farmacológico y programas de prevención de caídas, dependencia, enfermedad cardiovascular y deterioro funcional. También obliga a mirar más allá del hospital: la atención primaria, la enfermería comunitaria y la asistencia domiciliaria se vuelven piezas centrales.

Los datos nacionales de la Encuesta de Salud de España muestran, además, un contraste relevante. Aunque la percepción general de salud ha mejorado a largo plazo —el Ministerio de Sanidad destaca que el 74% de la población valora su salud como buena o muy buena—, las enfermedades crónicas, el dolor musculoesquelético y la salud mental siguen marcando la vida cotidiana de millones de personas.

En Castilla y León, el reto no es solo vivir más años, sino vivirlos con menos limitaciones y con una red sanitaria capaz de responder a una población envejecida y dispersa. La cifra del 63% resume una tendencia de fondo: la salud pública del futuro será, cada vez más, la gestión inteligente y cercana de enfermedades que acompañan durante años.

Fuentes consultadas