La denuncia de una niña de Fuerteventura destapa un caso de acoso digital a 21 menores

Una denuncia que permitió identificar a más víctimas

La denuncia de una niña de 11 años de Puerto del Rosario, en Fuerteventura, permitió iniciar una investigación que terminó con la detención en Alcanar, Tarragona, de un hombre de 26 años acusado de acosar y extorsionar sexualmente a menores mediante perfiles falsos. Según la información publicada por Libertad Digital a partir de fuentes policiales, la investigación ha identificado a 21 víctimas y rastreó contactos con decenas de niñas a través de redes sociales y chats de videojuegos.

El detenido habría utilizado la identidad ficticia de Álex, un supuesto chico de 16 años, empleando imágenes de otros menores para resultar creíble. El contacto comenzaba con tono amistoso o romántico y derivaba después en solicitudes de contenido íntimo y amenazas de difusión. Ese patrón es característico de la sextorsión a menores: primero se obtiene confianza, luego material sensible y finalmente se usa el miedo para mantener el control.

La Policía Nacional habría intervenido 2.958 fotografías y 213 vídeos de pornografía infantil. Las víctimas tenían entre 9 y 17 años. También se informó de intentos de contacto con cerca de 200 niñas, contacto regular con 37 y acoso finalmente atribuido contra 21. Esas cifras muestran que no se trata de un episodio aislado, sino de una conducta sostenida que aprovechaba la facilidad de acceso a menores en espacios digitales de ocio.

La investigación contó con unidades de Puerto del Rosario, Tortosa y Barcelona. Esa coordinación territorial es habitual cuando el agresor, la víctima inicial y otras posibles afectadas residen en lugares distintos. En delitos digitales, el escenario no es una calle o una vivienda, sino una cadena de dispositivos, cuentas, plataformas, direcciones IP y conversaciones que deben preservarse correctamente para sostener la prueba.

El caso deja una lección concreta: denunciar funciona. La menor que contó lo ocurrido permitió abrir una vía de investigación y localizar a otras víctimas. Para familias y educadores, la respuesta no debe basarse solo en vigilancia, sino en confianza. Los menores tienen que saber que pueden pedir ayuda sin miedo a ser culpabilizados si han enviado una imagen o han sido engañados. La responsabilidad penal recae en quien manipula, amenaza y explota sexualmente a niños y adolescentes.

Fuentes consultadas